Durante casi un milenio, los productos de la ballena alimentaron y vistieron a las personas, iluminaron ciudades, levantaron construcciones e incluso, sin que fuera la intención de los pescadores, engrosaron las arcas de la Iglesia. La pesca de este cetáceo, iniciada en el siglo XI, se convirtió en una industria próspera que concluyó definitivamente en 1985, tras haber diezmado las poblaciones de ballenas y ...
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