Era abril de 1066 y el cometa Halley surcaba los cielos de Inglaterra, un portento que se interpretó como presagio de cambio en algún reino. El rey Eduardo el Confesor había fallecido apenas unos meses antes, sin herederos, y Haroldo Godwinsson subió al trono. Pero más pretendientes ambicionaban la corona: al otro lado del canal de la Mancha, el despiadado Guillermo el Bastardo y, ...
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