«Lo que quiero es llevar el nombre que recibí al nacer. Sin ocultarlo, sin disfrazarlo, sin cambiarlo. Sin tenerle miedo». Nació Polina, y en Francia se convirtió en Pauline. Unas pocas letras y todo cambia. Al llegar de niña a Saint-Étienne, justo después de la caída de la Unión Soviética, se dividió en dos: Polina en casa, Pauline en la escuela. Veinte años después, ...
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