El gran acierto literario del libro es desmitificar la figura del investigador científico. Watson no presenta a los protagonistas como genios perfectos u hombres desinteresados guiados únicamente por el amor a la verdad. Al contrario, los retrata como seres humanos comunes: ambiciosos, celosos, competitivos, obsesionados con el prestigio, propensos al error y, a menudo, más preocupados por ganarle la carrera al químico Linus Pauling ...
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