En el siglo IV a.C., un ciudadano griego de Antioquía mandó hacer una tablilla, en la que se invocaba a un dios «que lanzaba truenos y relámpagos» para «golpear y atar a Babylas el verdulero». Unos 1.400 años después, se recitaba un encantamiento sajón para proteger una tierra maldecida. En el siglo XVII, el periodista Samuel Pepys curó su malestar estomacal comprando una pata ...
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