Desperta Ferro. Historia Moderna nº 80: Cabrera "La Primera Guerra Carlista en el Maestrazgo"
Autor/es
- EAN: 2000093009865
- ISBN: 2000093009865
- Editorial: Desperta Ferro Ediciones
- Año de la edición: 2026
- Colección: Revista Desperta Ferro. Historia Moderna
- Encuadernación: Rústica
- Medidas: 21 X 30 cm.
- Páginas: 66
7,50 €
DisponibleSi los carlistas del norte tuvieron a Zumalacárregui, los del Maestrazgo hallaron en Ramón Cabrera a su caudillo por excelencia. Antiguo seminarista sin experiencia militar previa, el tortosino, de veintisiete años al inicio del alzamiento carlista en 1833, ascendió hasta llegar a ser el Tigre, señor casi absoluto de un territorio que se extendía del Ebro al Júcar y de los confines de Cuenca al Mediterráneo. En el Maestrazgo, región montañosa cuajada de valles angostos, cuevas recónditas y antiguos castillos medievales enclavados en peñas inaccesibles, tuvieron los fieles de don Carlos su segundo gran bastión tras el vasco-navarro. A diferencia de la del norte, la Primera Guerra Carlista en el Maestrazgo fue sobre todo una guerra de guerrillas --aunque no faltaron batallas campales y asedios-- en la que carlistas y liberales pugnaron por controlar una población dispersa, de recursos escasos, de claras tendencias legitimistas y siempre pronta a dar apoyo y cobijo a las partidas que recorrían sus pagos para adentrarse en las huertas de Valencia, el Ebro y Murcia en pos de botín. La del Maestrazgo fue, también, una guerra brutal, marcada por una espiral de represalias entre uno y otro bando caracterizada por las ejecuciones sumarias de centenares de combatientes y civiles. Merced a sus propias dotes de mando, a la falta de una estrategia definida en las filas liberales, el buen aprovechamiento del terreno y la paulatina creación de una serie de estructuras administrativas que convirtieron un puñado de guerrillas dispersas en el segundo mayor ejército del pretendiente, Cabrera hizo del Maestrazgo un foco de oposición carlista que el gobierno de la regencia no pudo controlar y eliminar hasta mediados de 1840, una vez sellado el frente norte, cuando Espartero acudió a la región al frente de más de cincuenta mil hombres, dispuesto a aplastar de una vez por todas a la 'facción'.
