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Felipe II y el mito de la Armada Invencible

Felipe II y el mito de la Armada Invencible.

Autor/es

  • EAN: 9788412385052
  • ISBN: 978-84-123850-5-2
  • Editorial: Salamina, Ediciones
  • Colección: Series Naval
  • Encuadernación: Rústica
  • Medidas: 15 X 23 cm.
  • Páginas: 464

24,00 €

Disponible

En 1587, la reina Isabel I de Inglaterra, conocedora de las intenciones de Felipe II para la invasión de su reino, organiza una flota al mando del pirata Francis Drake para estorbar en todo lo posible la organización de la Armada y ganar tiempo para preparar sus defensas. Esta flota atacó Cádiz, el Algarve portugués y las Azores, pero ¿hasta qué punto tuvo un efecto determinante sobre los preparativos que llevaba a cabo don Álvaro de Bazán? ¿El retraso de un año de la operación española se debió realmente al ataque de Drake, o quizás más a la meteorología? Esta demora y la certeza de que en Inglaterra ya tenían conocimiento de la Armada, llevó a la necesidad de un cambio en la planificación, que finalmente concluyó en un plan largamente meditado y que daba solución a las necesidades operacionales de su mejor general, Alejandro Farnesio. Entonces, ¿por qué se afirma que dicho plan fue un batiburrillo fruto de un capricho del Rey? El fallecimiento de don Álvaro de Bazán fue un gran contratiempo para el operativo, pero la decisión de que su sustituto fuera el duque de Medina Sidonia no fue ni mucho menos absurda, dado su historial de capacidades logísticas y organizativas, así como de su relativa experiencia de mando en la mar. ¿Cumplió el Duque con el cometido que se le había asignado? ¿Acaso no llegó la Armada prácticamente intacta a su destino? La Historia nos muestra a un monarca obsesionado con la idea de devolver a Inglaterra a la senda del catolicismo hasta el punto de que se nos insiste en que este fue el factor principal que motivó el plan de invasión. Sin embargo, España tenía razones terrenales de sobra para tratar de derrocar a Isabel I, sobre todo tras su apoyo explícito con tropas y dinero a los rebeldes holandeses. Así pues, ¿se valió el Papa de Felipe II o más bien fue al revés?

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