Rómulo creció solo y asustando a los vecinos. Una manada de lobos lo invita a que les acompañe, pero él no acepta. Más tarde los echa de menos, los busca y disfruta de la vida en común.
Nada desea tanto Juan Oveja como tener su propia pequeña persona. Cuando por fin se la regalan, tiene mucho que hacer: Da de comer a su Peque, le limpia la jaula y la saca de paseo. Sin embargo, un día Peque se le escapa y corre hacia el bosque. ¡Juan desconocía que las personas pudieran ser tan rápidas!
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