Tras ser condenado a prisión por un acto «ultrarracionalista», Anónimo García reflexiona cómo la conciencia social puede inducir a los grupos contestatarios a adoptar el relato del poder, justificando el mal en el presente en nombre de un paraíso futuro. Frente a ello, el autor sostiene que son los medios los que deben justificar los fines, y no al revés.
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