A Frank, el padre de Helen Longstreth, le encantaba cocinar y en su casa siempre olía a minestrone, a magdalenas de chocolate, a romero y a salsa de vino tinto. Pero a Frank también le gustaba beber y los recuerdos de estos platos, que preparaba como una suerte de disculpa tras sus recaídas, estarán siempre empañados por su alcoholismo. «¿Cómo se puede odiar y ...
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