¡Me decepcionaste! ¿Quién podría recuperarse de semejante acusación? ¿Y quién, además, no ha recurrido a ella alguna vez? Somos seres que no dejamos de decepcionar y de ser decepcionados. Sin embargo, los moralistas lo han repetido hasta la saciedad: decepcionarse es, sobre todo, ser víctima de expectativas que solo existían en nuestra cabeza.Pero, ¿qué pasaría si eso no fuera todo?, se pregunta el autor ...
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